25/09/2022
ANDREW
TATE, CULTURA DE LA CANCELACIÓN Y EL ESTADO CONTEMPORÁNEO DE LAS RELACIONES
INTERSEXUALES.
Andrew
Tate, en el verano de 2022, ha sido una figura que ha emergido en la frontera
de la cultura popular en internet, haciendo que gente previamente ajena al
fenómeno “Red Pill” entrara en contacto a plena fuerza con una de sus figuras
más pintorescas y agresivas.
La
“Red Pill” haciendo uso de la simbología de la película “The Matrix” se
considera como una descripción objetiva de las dinámicas intersexuales y
sociales en contraposición con la “Blue Pill” que es una narrativa ficticia de
estas, promulgada por la cultura hegemónica, que muchos califican como
ginocentrista, y que yace en la mentalidad de todo aquel que vive en occidente,
de manera predeterminada.
Una de las realidades que propone la “Red
Pill” es que las mujeres poseen de una naturaleza hipergámica, lo que las lleva
a buscar dentro de sus posibilidades la mejor opción en cuanto a su pareja. Muchos
alegan que este concepto es redundante y que eso mismo lo hacen los hombres, y
en el fondo cualquier persona en cualquier mercado. No obstante, el concepto
engloba más cosas: las mujeres solo aceptan aquellos hombres que cumplan sus
requisitos o los excedan, y tienen una tendencia a reemplazar a un varón
suficiente en sus valores por otro que lo supere (algo que también se achaca a
los hombres: “tú también te irías con una más guapa”).
“En
tiempos de guerra cualquier agujero es trinchera” y “No hay mejor salsa que
tener mucha hambre” son dichos populares, sin embargo, estos no se aplican a
las mujeres en el ámbito intersexual y ahí radica en parte la diferencia entre
hombres y mujeres. Un hombre se puede conformar con alguien “inferior” (en
términos de atractivo) pero una mujer jamás lo hará, provocando pues una enorme
asimetría en el mercado.
La
otra parte de la hipergamia es la siguiente: la estrategia femenina de
relacionarse (algo por supuesto subconsciente) busca suplir dos necesidades:
protección y provisión de recursos, y excitación y diversión. De tal forma que
estas necesidades pueden ser suplidas por dos demográficas completamente
diferentes: los tipos responsables y con recursos para la primera, y los tipos guapos,
musculosos famosos y un largo etc. para la segunda. Obviamente estas
características pueden confluir en una misma persona, pero si no es así las
mujeres recurren a distintas personas o entidades, como lo es el estado que
proporciona ayudas y subvenciones a una madre soltera que ha tenido un hijo con
un convicto.
Todo
esto carece de dimensión moral y simplemente describe los hechos.
Esto
supone que los hombres están limitados respecto a su éxito (y el grado de dicho
éxito) en el mercado sexual debido a características genéticas: altura,
belleza, predisposición a alta musculatura, otros talentos… y también
temporales: para ser exitoso debes emplear numerosas horas y jugártela en
varias oportunidades. Y por otro lado las mujeres tienen mayor facilidad para
cumplir los requisitos puestos por los hombres, pues son principalmente físicos
y estas los adquieren durante y tras la pubertad de manera innata.
Esto
es otra de las verdades incomodas: las mujeres nacen y los hombres se hacen.
Las mujeres pierden su atractivo antes (pues va asociado a la fertilidad) y los
hombres lo consiguen después.
(Tras
el periodo de selección son importantes características no superficiales, como
el carácter de las personas, en ambos sexos, pero no es el asunto del artículo)
Hasta
aquí todo muy antiséptico. Los mensajes
no fluyen solos por el mundo de las ideas, son personados por diversas gentes
con caracteres más o menos morales, más o menos tóxicos, más o menos
controvertidos.
Andrew
Tate, para muchos tóxico y malvado, es indudablemente controvertido. Campeón de
kickboxing, alto, musculado y asertivo, calvo, rico e incapaz de autocensurarse
al compartir sus creencias, residente en Rumania para facilitar su uso de la
corrupción del mundo (ahí está más a mano de la plebe, a diferencia que en Occidente,
que primero tienes que entrar a algún partido u ostentar una posición de poder)
es la personificación de la “masculinidad tóxica”.
Parte
de su riqueza la ha ganado con negocios pornográficos, siendo el chulo de
numerosas mujeres atractivas que trabajan para él (de manera voluntaria y bien
remuneradas según Andrew), y mucha de la controversia que ha generado ha sido
por ideas inflamatorias: como que el hombre debe ser el líder de la relación,
que las mujeres tienen un grado de responsabilidad en algunos casos de
violación y muchas otras.
Andrew
Tate (y cualquiera que se asocie con él como el CEO de G2 esports Carlos
Rodriguez alias “Ocelote”) se ha unido a la larga lista de personalidades
intolerables, y por lo tanto su presencia no tolerada ha pasado a ser
completamente borrada de los medios digitales de comunicación como Twitter, Facebook,
Instagram, Youtube y Twitch.
Yo
personalmente lo que menos soporto en el mundo es la hipocresía y estoy hasta
las pelotas de vivir en la peor pesadilla de George Orwell donde todo el mundo
demuestra todo el rato el concepto de doble pensamiento.
En
occidente no hay libertad de expresión ni hay democracia. Se permite decir lo
que le interesa a la gente con dinero e influencia que controlan los medios y
punto pelota, pero luego todo el mundo grita “Democracia” como argumento para
censurar x cosa. A mí la democracia me importa un pimiento, lo que debe primar
es la verdad, y por mucho que les disguste la moral de Andrew Tate a la
charorepublicasocial, la realidad es que su éxito se debe a que muchos hombres
jóvenes se han dado cuenta de lo jodido que esta el mercado sexual, y por un
lado tienen al gobierno diciéndoles que se deconstruyan y que sean el hombre
blandengue, y por el otro tienen a un tío que les cuentan las cosas como son y
les anima a mejorar.
Nota
del editor: ahora que Andrew Tate se ha convertido en un musulmán casposo, con
unas pintas de follacabras que no puede con ellas, ha perdido todo el respeto
que una vez tuvo por mi parte. ¿Por qué? Pues porque en vez de arrepentirse de
sus claros pecados—el ser un proxeneta que se aprovechaba de comunidades con la
moral más sana y corrompía mujeres y pajeros—se ha pasado al islam, donde este
tipo de comportamientos están bien vistos.
¿Deseo
que ahora le caiga todo el peso de la ley y se pudra en la cárcel? Sí, por
marronoide subversivo.