03/10/2023
LA
MÁSCARA DE LA MASCULINIDAD.
Hace
unos años, cuando pasé por una etapa de leer libros de autoayuda, desarrollo
personal y de emprendedores compré y leí un libro titulado “The Mask of Masculinity”
de Lewis Howes (traducido al español “La Máscara de la Masculinidad”).
Este
libro contiene nueve capítulos a parte de la introducción, titulados cada uno
con el nombre de una de las máscaras, que asumo que el autor ha considerado que
son todas las que hay, bajo el paraguas de la masculinidad.
El
orden que sigue el libro es el siguiente: 1 La máscara estoica, 2 la máscara
del atleta, 3 la máscara materialista, 4 la máscara sexual, 5 la máscara
agresiva, 6 la máscara del bromista, 7 la máscara de invencibilidad y por
último 7 la máscara de “alfa”.
A
ser sinceros no me acuerdo muy bien de lo que decía capítulo a capítulo de cada
una de ellas, pero si me acuerdo del sentimiento general que quería transmitir:
Lo
primero que debo decir es que Lewis empieza su vida como chaval siendo gordito,
considerado tonto por los demás y mostrándose incómodo en situaciones pese y
por su tamaño (¿elefante en una cacharrería?), sufrió acoso o burlas o una
reacción mala de sus compañeros, no me acuerdo muy bien y no me apetece leérmelo
otra vez.
Bueno
lo típico de ser gordito y rarito, todos conocemos un caso. Este estímulo
negativo, el deseo de mejorar y unas buenas capacidades atléticas lo llevan a
ser jugador profesional de futbol americano, un deporte que cualquiera que esté
un poco al tanto sabe que son muy pocos lo que pueden llegar a practicar, por
la necesidad de unas cualidades atléticas enormes y se necesita ser grande y
fuerte. Lewis alega que hizo uso de
todas estas mascaras para crear un caparazón que lo protegiese, para huir de
las burlas e incluso de su yo del pasado.
Lo
segundo que debo decir es que en mi opinión no todas las máscaras han sido
creadas por igual. A lo que me refiero es que no propongo ni defiendo que uno
deba pretender lo que no es, o como se dice hoy en día “frontear”.
Desde
un punto de vista pragmático es estúpido, se pilla antes a un cojo que a un
mentiroso; desde un punto de vista de honor me parece deleznable, y desde el
moral me parece incorrecto. Es decir, no
propongo que alguien finja que es exitoso con las mujeres, ni que vaya por el
gimnasio haciendo cara a caras con los que se encuentra, ni que intente llenar
su vacío interior comprándose cosas.
Mi crítica es la siguiente: en el terreno de
la comunicación interpersonal la comunicación excesiva es peligrosa.
Esto
para empezar es lo que nos han contado siempre: mi abuela me decía que nunca me
posicionase, refiriéndose a que no diga que soy de derechas o de izquierdas,
postura adquirida por muchos durante el franquismo.
Jesucristo
tiene muchas frases al respecto, pero de la que siempre me acordaré es “no
corrompe al hombre lo que entra por la boca, pues sale por la letrina, sino lo
que sale de ella, pues viene del alma” (o algo así). Y en los mismos proverbios
“aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por
prudente”. Ya te lo digo yo, y esto lo saben bien los políticos, que es mejor
no decir nada que decir algo y pifiarla más. Esto es general en cualquier
ámbito, no obstante cobra suma importancia cuando te comunicas con una mujer
que es tu interés amoroso.
Todo
este tema me ha venido a la cabeza con la infame campaña del gobierno español
que promociona el hombre blandengue, el hombre deconstruido, el hombre que se
abre emocionalmente a la gente.
Si
quieres ser hombre ábrete emocionalmente a tus amigos, a tu familia, ambos de
vez en cuando, y a Dios, cuando quieras, que para eso está. Si te abres emocionalmente a una mujer con la
que quieres entablar una relación te estás pegando un tiro en el pie antes del
pistoletazo de salida. Y voy más allá, es mejor que te quedes corto y que
fomentes un halo de misterio alrededor de tu persona, y así también te queda
más tiempo para descubrir su carácter y sus gustos.
El
desenmarañar daños emocionales pasados, el curar heridas que tengas
psicológicas es algo que me parece correcto, no obstante, el día a día no es el
momento, cuando te relaciones con mujeres no es el momento.
Cuando
estuve brevemente jugando a rugby, mi entrenador me dio un consejo: si te dan
una hostia y te duele que no se te note en el semblante, si acaso, sonríe.
Sonríe, si te hacen daño sonríe, ya tendrás tiempo de joderte a solas.