miércoles, 5 de octubre de 2022

LA MÁSCARA DE LA MASCULINIDAD

03/10/2023

 

LA MÁSCARA DE LA MASCULINIDAD.

 

Hace unos años, cuando pasé por una etapa de leer libros de autoayuda, desarrollo personal y de emprendedores compré y leí un libro titulado “The Mask of Masculinity” de Lewis Howes (traducido al español “La Máscara de la Masculinidad”).

 

Este libro contiene nueve capítulos a parte de la introducción, titulados cada uno con el nombre de una de las máscaras, que asumo que el autor ha considerado que son todas las que hay, bajo el paraguas de la masculinidad.

 

El orden que sigue el libro es el siguiente: 1 La máscara estoica, 2 la máscara del atleta, 3 la máscara materialista, 4 la máscara sexual, 5 la máscara agresiva, 6 la máscara del bromista, 7 la máscara de invencibilidad y por último 7 la máscara de “alfa”.

 

A ser sinceros no me acuerdo muy bien de lo que decía capítulo a capítulo de cada una de ellas, pero si me acuerdo del sentimiento general que quería transmitir:

 

Lo primero que debo decir es que Lewis empieza su vida como chaval siendo gordito, considerado tonto por los demás y mostrándose incómodo en situaciones pese y por su tamaño (¿elefante en una cacharrería?), sufrió acoso o burlas o una reacción mala de sus compañeros, no me acuerdo muy bien y no me apetece leérmelo otra vez.

 

Bueno lo típico de ser gordito y rarito, todos conocemos un caso. Este estímulo negativo, el deseo de mejorar y unas buenas capacidades atléticas lo llevan a ser jugador profesional de futbol americano, un deporte que cualquiera que esté un poco al tanto sabe que son muy pocos lo que pueden llegar a practicar, por la necesidad de unas cualidades atléticas enormes y se necesita ser grande y fuerte.  Lewis alega que hizo uso de todas estas mascaras para crear un caparazón que lo protegiese, para huir de las burlas e incluso de su yo del pasado.

 

Lo segundo que debo decir es que en mi opinión no todas las máscaras han sido creadas por igual. A lo que me refiero es que no propongo ni defiendo que uno deba pretender lo que no es, o como se dice hoy en día “frontear”.

 

Desde un punto de vista pragmático es estúpido, se pilla antes a un cojo que a un mentiroso; desde un punto de vista de honor me parece deleznable, y desde el moral me parece incorrecto.  Es decir, no propongo que alguien finja que es exitoso con las mujeres, ni que vaya por el gimnasio haciendo cara a caras con los que se encuentra, ni que intente llenar su vacío interior comprándose cosas.

 

 Mi crítica es la siguiente: en el terreno de la comunicación interpersonal la comunicación excesiva es peligrosa.

 

Esto para empezar es lo que nos han contado siempre: mi abuela me decía que nunca me posicionase, refiriéndose a que no diga que soy de derechas o de izquierdas, postura adquirida por muchos durante el franquismo.

 

Jesucristo tiene muchas frases al respecto, pero de la que siempre me acordaré es “no corrompe al hombre lo que entra por la boca, pues sale por la letrina, sino lo que sale de ella, pues viene del alma” (o algo así). Y en los mismos proverbios “aun el necio, cuando calla, es tenido por sabio, cuando cierra los labios, por prudente”. Ya te lo digo yo, y esto lo saben bien los políticos, que es mejor no decir nada que decir algo y pifiarla más. Esto es general en cualquier ámbito, no obstante cobra suma importancia cuando te comunicas con una mujer que es tu interés amoroso.

 

Todo este tema me ha venido a la cabeza con la infame campaña del gobierno español que promociona el hombre blandengue, el hombre deconstruido, el hombre que se abre emocionalmente a la gente.

 

Si quieres ser hombre ábrete emocionalmente a tus amigos, a tu familia, ambos de vez en cuando, y a Dios, cuando quieras, que para eso está.  Si te abres emocionalmente a una mujer con la que quieres entablar una relación te estás pegando un tiro en el pie antes del pistoletazo de salida. Y voy más allá, es mejor que te quedes corto y que fomentes un halo de misterio alrededor de tu persona, y así también te queda más tiempo para descubrir su carácter y sus gustos.

El desenmarañar daños emocionales pasados, el curar heridas que tengas psicológicas es algo que me parece correcto, no obstante, el día a día no es el momento, cuando te relaciones con mujeres no es el momento.

 

Cuando estuve brevemente jugando a rugby, mi entrenador me dio un consejo: si te dan una hostia y te duele que no se te note en el semblante, si acaso, sonríe. Sonríe, si te hacen daño sonríe, ya tendrás tiempo de joderte a solas.