22/02/2025
“LA
CRISIS MUNDIAL”, DE WINSTON CHURCHILL, RESEÑA PARTE 1.
¿Qué
es lo que sabes de la primera guerra mundial?
Yo
antes de leer este libro pocas cosas: que estaban involucradas varias potencias
europeas, entre ellas Alemania y Francia, que la mitología del siglo XX enmarca
la muerte del archiduque Fernando de Austria como el detonante del conflicto,
que hubo guerras de trincheras donde el conflicto se estancó y murió mucha más
gente de la que se esperaba. Luego que los germanos perdieron la guerra y
sufrieron duras sanciones económicas, que algunos califican de abusivas, y
acabó resultando de una Alemania infeliz con un caldo de cultivo perfecto para
un líder populista que les devolviera el orgullo.
Pero
por ejemplo no tenía ni idea de que Churchill estaba involucrado (sabía que lo
estuvo en la segunda), y desde el puesto de primer lord del almirantazgo
(después de ser ministro del interior), y comenta ya desde el principio de la
obra que todo este asunto era inevitable, básicamente, pues el ya desde el
minuto uno hizo todo lo posible por prepararse por estar lo mejor situados
cuando el conflicto estallase.
Esto
para mí, que venía buscando la verdad detrás de la cortina, una revelación
esotérica de los verdaderos teje manejes de las élites que llevaron a Europa a
la perdición, ha sido una desilusión, al parecer, al menos lo que han escrito
de puertas para fuera, todo fue mucho más prosaico. Orgullos heridos y el juego
bélico en marcha, por que como está escrito en “Meridiano de Sangre” (no me lo
he leído, todavía): dios es la guerra.
¿Por
qué era todo esto inevitable?
Bueno
pues he recurrido sin ninguna vergüenza a la inteligencia artificial para
saberlo (aunque Churchill también lo expone claramente para aquel que sea no
sea un lego en la materia). Básicamente en la guerra franco-prusiana liderada
por Bismarck, Francia quedó humillada tras ser proclamado el Imperio Alemán en
el Palacio de Versalles en 1871 y perdió las regiones de Alsacia y Lorena. A
parte de eso el sistema de alianzas estaba puesto como para que una vez alguien
agrediera a otro, todos se vieran involucrados: la triple alianza de Alemania, Austria
e Italia, por un lado; y la triple entente de Francia, Rusia y Reino Unido por
otro.
En
el primer capítulo Churchill nos narra las virtudes del
Imperio Británico, sus victorias contra Napoleón, la sensación de seguridad y
justicia de la época victoriana, y como siempre acaban rescatando al continente
de las fauces de dictadores expansionistas, vamos un refrito de lo que
cualquier anglófilo defensor del nuevo orden mundial te suelta cualquier día, y
bueno, como vengo con la mente abierta digamos que podría ser verdad que son
tan buenos como se pintan (los pérfidos de Albión). En el segundo capítulo nos
cuenta como fue la diplomacia británica en toda esta maraña de promesas y
amenazas, y que yo me diese cuenta no soltó ningún trozo jugoso de carne arcana.
El
capítulo tres se denomina “La crisis de Agadir”
y no os voy a mentir, no capté en ningún momento la relevancia de Agadir, no
supe quién o que era, y me apunté más bien que Churchill estaba siendo
extrañamente predictivo en sus vaticinios (a ver que seguro es por que escribió
la memoria una vez el polvo se posó), pero bueno, no pidáis mucho a mi cerebro
divagante hiperactivo. Al parecer Agadir era un puerto atlántico de marruecos
en el que Francia medraba a favor del sultán marroquí y en contra de los
nativos. Los rifeños se alzaron en rebelión y Francia intervino para proteger
sus intereses coloniales y Alemania le pareció que eso estaba muy feo y mandó
para allí un buque de guerra.
Al
final todo quedó en agua de borrajas, pero asentó un nuevo precedente de desafíos
militares entre las dos potencias que dificultarían la futura diplomacia. Otra
cosa que me apunté fueron los nombres de varias figuras recurrentes que aparecieron
en el capítulo. Lo malo de este libro es que Churchill no parece haberlo
escrito con especial interés divulgativo a futuro, si no conoces los jugadores
ni las jugadas todo queda un poco mezclado, aunque en todo momento sientes que
el tío era un culo inquieto y no paraba de manejar los hilos para dejar a Gran
Bretaña en el mejor lugar posible. Sería interesante ver que lo puso en tal
situación, porque la gente ponía tanta confianza en sus capacidades. Las
figuras son las siguientes:
-
Joseph Joffre, comandante del ejército francés del 14 al 16, que diseñó el
desastroso (en práctica) plan 17 que creo que se mencionará en posteriores
capítulos. Y también jugó un papel crucial en la batalla del Marne.
-
David Lloyd George: ministro de Hacienda del 14 al 15, de municiones del 15 al
16 y primer ministro tras la guerra. Básicamente empujó la coordinación, creo
que de la mano de gran C. de los aliados con el consejo de guerra.
-
H. H. Asquith, primer ministro de Reino Unido del 8 al 16, fue en sus inicios reticentes
a un enfoque directo belicista contra Alemania, abogando por intervenciones
económicas mediante el bloqueo Naval. Calificado durante la guerra como
inactivo.
-
Alfred Von Tirpiz, secretario de estado de la marina alemana del 97 al 16,
encargado de desarrollar la flota de acorazados con objetivo de rivalizar la
británica. El oráculo también nos revela que su brutal uso de los submarinos
hará que finalmente EE. UU. se meta en la guerra en el 17.
Me
apunté que Churchill al final cita Deuteronomio capítulo 9, como signo
esperanzador. Este tipo de cosas me hacen pensar que parece que haya partes
redactadas durante el conflicto. Pero en concreto es sobre las promesas de Dios
a Israel, y como las naciones grandísimas son paganas e impías y deben ser
conquistadas. Vemos pues qué clase de visión tiene el pájaro de sí mismo.
En
el capítulo 4 llamado “En el almirantazgo”
Churchill nos cuenta todas las medidas que tomó para modernizar la marina,
aumentar el número de barcos y de tripulantes y soldados y su p. madre.
Dos
personas juegan papeles importantes:
-
Lord John Fisher, primer lord del mar del 4 al 10 y del 14 al 15, impulsó la
creación de los “Dreadnoughts”, acorazados rápidos y con artillería de largo
alcance, el uso de la turbina de vapor y del petróleo.
-
Sir Arthur Wilson, asesor naval del gobierno, que era más conservador y se
opuso al principio al uso de submarinos, de modo que quedó de lado pronto.
Él
se dedica a coordinar esfuerzos y hablar con la gente.
En
el capítulo 5, “El frente del mar del norte”,
nos cuenta la relevancia del lugar, prevé (o dice a posteriori) que obviamente
iba a ser un lugar clave para enfrentarse Alemania y GB, aunque luego veremos
que no fue el único lugar. Nos sigue contando los avances de los germanos y sus
submarinicos.
El
capítulo 6 “Irlanda y el equilibrio europeo” por fin se
menciona la muerte del archiduque Fernando (en el 28/06/1914), aunque no sé porque
a mí no me dio la sensación de que explicase mucho porque era tan relevante.
Quizás me lo debería volver a leer, pero no me apetece. Al parecer simplemente,
como Francia era aliada de Rusia y Alemania del Imperio Austrohúngaro, cuando
el emperador Francisco José primero castigó a Serbia, ahijada de Rusia, se armó
pardísima. Gavrilo Princip, el pistolero, era nacionalista y el emperador pidió
la capacidad de llevar las investigaciones sobre “La Mano Negra”, el grupo
terrorista al que pertenecía, y ver que oficiales estaban involucrados en el
tema y castigarlo. Esto a una Serbia que en un principio parecía dispuesta a
colaborar (habiendo negado cualquier vinculación con él o autoría, y
denunciándolo) le pareció inaceptable, y el imperio pues le declaró la guerra.
Menciona
Irlanda en el título por que al parecer Reino Unido estaba sumido es sus
propias luchas internas contra aquellos que querían auto gobernarse, Churchill
y Asquith estaban distraídos, pensando incluso en intervenir con la marina, por
lo que no pudieron actuar con suficiente rapidez en el conflicto continental (y
oh tristemente no pudieron mantener el sacrosanto equilibrio europeo).
El
7
se titula “La crisis” y debió explicar más detalladamente la cadena de
acontecimientos, pero vamos, que no dilucida mucho más que la ya nombrada
obligación a intervenir, todo con un aire muy fatalista, de que todo estaba
destinado a ocurrir.
Nada
esotérico.
El
8 es “La movilización de la marina” y bueno hay tres personas que me apunté,
posiblemente por sus nombres extraños:
-
Sir Edward Grey, secretario de asuntos exteriores del 5 al 16, quería evitar la
guerra con la diplomacia, pero cuando Alemania invade Bélgica RU tuvo que
entrometerse. Se le atribuye la frase “las luces se están apagando en toda
Europa; no las volveremos a ver encendidas en nuestra vida”.
Que
poético.
-
John Jellicoe, comandante de la gran flota británica del 14 al 16, al parecer
luego dirigió la batalla de Jutlandia.
-
Sir George Callahan, fue el comandante jefe de la flota del atlántico y de la
flota del mar del norte, tuvo labores de preparación, pero fue sustituido por “El
Gelatinas” (mote mío, claro está).
Ahora
cito a Winston, mi colega, para ser más dinámico:
“Una
vez más aquella extensa línea de barcos batidos por las tormentas iba a estar
emplazada entre el tirano continental y el dominio del mundo”.
“¿Quiere
complejo de salvador?” Sí, un cubo por favor.
En
el capítulo 8 nos narra como llevó sus tropas a Francia
a través del canal de la mancha y luego a Bélgica. El “Cuerpo Expedicionario
Británico” acabaría iniciando el primer combate contra los alemanes en la
batalla de Mons, que resultaría en una rápida retirada y en el desemboque de la
batalla del rio Marne.
La
idea era, por parte de los teutones, de hacer de toda esta histórica una cosa
rápida. El plan Schlieffen consistía en derrotar rápidamente a Francia para
centrar sus miras luego en Rusia. No obstante, a pesar de que los alemanes
llegaron a estar muy cerca de Paris al inicio, el frente en bélgica se les
dificultó, y la estrategia de retirada organizada de Joseph Joffre consiguió
frenarlos poco a poco cerca de Alsacia y Lorena.
De
eso va el capítulo 9.
Se
frena la carga alemana, se acaba con el mito de la invencibilidad teutona, los ejércitos
germanos quedan sobre extendidos, su logística muy empeorada comparada con la
capacidad energética de las líneas de suministros francesas, que son como un
resorte aplastado, como una máquina engrasada.
Nuevas
personas importantes:
-
Joseph Gallieni, crucial para la movilización de tropas parisinas (en taxis
lol) y la defensa de Paris, llevándolas al rio Marne.
-
John French, que era el que dirigía el CEB y tuvo que recular hasta el Marne
con los franceses.
-
Franchet d’ Esperey: general y luego mariscal que comandó un ejército en la
batalla del Marne.
-
Helmuth Von Moltke, el joven, era el jefe del estado mayor alemán del 6 al 14,
y debía ejecutar el plan Schlieffen. Modificó una de las pautas, no rodeó París
por que el ala derecha que estaba al cargo de ello quedó debilitada, y la
ofensiva fracasó, y le costó el cargo.
Englobado
esto en los capítulos 10 y 11, “La invasión de Francia” y
“El Marne”.
Capítulo
12,
“La guerra en el mar”. Los comodoros Tyrwhitt, comandante de la Harwich
Force, una flotilla de destructores y cruceros ligeros británicos, y Keyes, jefe
de los submarinos británicos en el Mar del Norte, capitanearon una ofensiva en
dicho mar contra la marina alemana, hundiendo cuatro activos, pero haciendo que
los germanos se volviesen recelosos al combate directo y reforzaran sus
defensas, favoreciendo la acción de submarinos.
Se
nos introduce el villano de un próximo capítulo, el almirante Von Spee, que
Churchill señala con preocupación: los océanos son varios y el Pacífico
inmenso, podía recurrir a tácticas de ataque y retirada, esconderse y acechar
desde las sombras.
¿Cómo
lidiaron los británicos con este lobo de mar? Luego lo veremos.
¿Qué
paso en “Amberes y los puertos del canal”?, en el capítulo 13 lo
averiguamos: básicamente Alemania vapulea a Bélgica, el rey debe hacer un papel
apañado, Churchill cita su gallardía, y nos cuenta como el mismo tuvo que
ponerse en el frente de batalla a liderar la resistencia. El “Rey soldado”
trató de defender Amberes hasta que se volvió imposible, y tuvo que retirarse
detrás del rio Yser. Era una posición estratégica muy importante, porque se
hallaba cerca del canal de la mancha, pero supongo que no lo suficiente cerca
como para que los alemanes lo tomaran… Lord Kitchener era el ministro de guerra
británico en ese momento, se negó a mandar grandes cantidades de tropas
regulares y solo envió unas pocas del ejército marino. Luego criticó a
Churchill cuando se perdió la ciudad de todas formas, no obstante, la maniobra
permitió proteger Dunquerque y Calais. Cabe decir que desde el principio
Churchill fue optimista y le pilló por sorpresa la contundencia de los
bombardeos germanos.
¿Cómo
responde el gordito ante esta situación?
La
verdad es que este capítulo me resultó muy interesante, porque nos da una
ventana a la vida cotidiana de Churchill, que no importa desde la óptica que lo
analices (y yo vengo desde una bastante hostil, pues mi impresión obtenida en
círculos conspiranoicos es que era un hombre vendido al capital Judío), fue un
gran hombre, con interesantes hábitos, con una manera ejemplar de comportarse y
que sé que se echaba siesticas, hábito que adquirió en Cuba, y vivió hasta los
noventa tacos a pesar de lo rechoncho que estaba.
Bueno
en el capítulo titulado “Lord Fisher” entendemos la relevancia
que el viejo antes mencionado cobró en la guerra: a pesar de ser una sombra de
lo que había sido a nivel de fuerza y resistencia física, Lord Fisher era un
hombre con un inquebrantable sentido del deber que no tenía mayor deseo que
servir a su patria. Por las mañanas (desde pronto en la madrugada) el viejete
estaba al mando del almirantazgo, vigilando todos los movimientos de la marina,
por las tardes (y hasta tarde en la noche) lo hacía Churchill. Establecieron
una dupla sinérgica que cubría el campo de batalla a todas horas a través de
telegramas, y no tomaban una decisión sin que el otro diera el visto bueno.
¿Qué
pasa en las Malvinas?
Bueno,
pues resulta que Craddock y Churchill se mandan una serie de telegramas, porque
un carbonero alemán es avistado en la costa de Chile, que está en el océano
pacífico. Finalmente, Sir Christopher Craddock detecta los barcos de guerra del
Almirante Von Spee y avisa a Churchill, y este último le manda retirarse, ya
que está en inferioridad armamentística y numérica, y que espere refuerzos. No obstante,
las condiciones climáticas, una serie de confusiones inherentes a la navegación
a oscuras, y un diferencial en la velocidad entre los barcos, los británicos
más lentos que los alemanes (no se si por el estado del mar y la posición
relativa de los barcos, o porque eran peores), hacen que Craddock sea alcanzado
por Von Spee y derrotado fulminantemente. Esto causó impacto en la prensa británica,
la cual Churchill tuvo que escarmentar, para que no alardease de la
superioridad naval alemana, y que se limitaran a dar ciertos datos escuetos, y
solamente los medios elegidos por el gobierno. Algunas cosas nunca cambian. Ha
de decirse que la figura de Sir Craddock fue ensalzada como la de un héroe.
¿Cómo
responde Churchill? Hay que decir que esta previa batalla se conoce como la de
Coronel, por el lugar de la costa chilena en el que ocurrió. Y la siguiente
batalla como la de las Malvinas, pues allí fue donde la flota británica fue
vengada.
Las
flotas se encuentran en distintos puntos. Von Spee, al verse superado, manda a
los barcos más ligeros que huyan mientras él, al mando del Gneisenau y el
Scharnhost, se enzarza en una batalla mortal contra el Invencible y el
Inflexible, que luchan en una maniobra de mantener las distancias para que los
potentes cañones a corto alcance alemanes no cobren relevancia. Los británicos
ganan esta contienda. Luego los demás barcos alemanes también son alcanzados:
el Kent al Numberg, el Glasgow y el Kent al Leizpig. Ninguno se rindió y una
vez alcanzados fueron hundidos.
Solamente
el Dresden escapó.
Esto
fue una victoria monumental en los mares para GB, que se volvió el principal
poder marítimo, ama de todos los océanos, y delimitó la guerra a un pequeño
trozo de tierra en Europa donde Alemania sería finalmente vencida. Pero para
eso aún queda libro.
Las
maniobras de Alemania para reestablecerse de carbón eran muy complicadas, no
tenía puntos para reinsertarlos en Europa pues el Mar del Norte y Gibraltar los
controlaban los británicos, y los puertos internacionales fueron recapturados
por los aliados al principio. Al parecer el carbón en el propio país
continental no fue problema porque podía conseguirlo en sus minas y a una mala
comprarlo a los países neutrales, por eso los barcos de su flota tenían que
irse hasta tomar por culo para reabastecerse.
Capítulo
16
“El bombardeo de Scarborough y de Hardepool”: Alemania ataca estas
poblaciones, queriendo atraer a la marina británica a una lucha con ellos en
campo abierto, pero Churchill, citando a Sila y Mario, que se dijeron “si tú
eres gran general, acércate y lucha” y “si tú eres gran general, hazme luchar
contra mi voluntad”, no cayó en la celada. Aquí relata como Lewis Bayly fue
nombrado comandante jefe de la flota del canal, y luego lamentablemente al
hundir un barco que se creía enemigo (pero entiendo que no lo era) fue
destituido. Luego cobró de nuevo importancia en la guerra manejando la defensa
antisubmarinos, pero eso no lo he sacado del capítulo.
Y
finalmente “Turquía y los Balcanes”, que me lo acabo de leer, pero no me he
enterado de nada, con este cerebro de zúmer hiperactivo que tengo, y voy a
recurrir extensivamente a mi oráculo de confianza.
Rusia
siempre ha querido llegar al mediterráneo, ¿no es ahora esto tan relevante?
Bueno pues en esa época ya estaba haciendo de las suyas (ironía, aquí somos prorrusos)
y estaba medrando mucho sobre Serbia. La guerra tiene esas cosas que enemigos
mortales históricos, como los otomanos y los austrohúngaros, acaben aliados
frente a un tercero, los rusos. Al final ambos poderes más orientales se
zurraron en el Cáucaso.
¿Cómo
queda el panorama?
Pues
Churchill nos dice que la manera de ganarle a los alemanes, que son pacientes y
estudiosos, y tienen planes a largo plazo, es atacarles en su debilidad: la
incapacidad de comprender que el resto no se va a plegar a su agenda,
sorprenderlos con acciones inesperadas y quebrantar la confianza en sí mismos.
Ya no hay posibilidad de que Francia sea derrotada, y a partir de ese momento
las fuerzas inglesas fluirían con cada vez más caudal por el canal de la Mancha
y aledaños. La película estaba ya con un fin tras el horizonte, solo quedaba
ver como de largo.