jueves, 5 de junio de 2025

LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA

 05/06/2025

 

LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA.

 

Perdí la infancia demasiado rápido, demasiada lucidez temprana. Vivimos en una época en la que se fomenta eso: sexualidad en la niñez, desilusiones rápidas: la vida es una mierda y nada tiene sentido. Los cómics y los juguetes se intercambian por una estricta dieta de tiktoks, pornografía y competiciones extrañas. La luz en los ojos se apaga antes, muchísimo antes de lo estipulado. ¿Cuál es la solución? Ante esta andanada de putridez y lodo, ante ese influjo constante de desesperación y degeneración, ante ese campo vectorial ortogonal a todo sentido común cultivado en siglos anteriores, ¿qué hacer?

 

Lo primero, reconocer el daño y abandonar el veneno. La tele, el netflix, la propaganda que nos acomete por todos los lados, la ortodoxa histórica y científica, impuesta por los de siempre por lo de siempre. Crear un oasis de cultura, silencio y amor. Prestar atención al murmullo de los pájaros, al correr del viento por las hojas, al olor a petricor tras las cuatro gotas veraniegas de turno, al pulso de tu madre cuando le das un beso...

 

Volver a la sabiduría de siempre, relajarte y enfocarte en aquellas obras que te devuelven, de manera paradójicamente nostálgica, a una infancia que nunca tuviste. A los libros de Julio Verne, a los comics de Historia, a las novelas de Dumas, las crónicas de C.S. Lewis, los libros de Susan Cooper, los libros de John C. Wright, Vox Day, P.G. Woodhouse...

 

Un parón ante el nihilismo incesante de lo contemporáneo...

 

Y me doy cuenta de que siempre acabo hablando de lo mismo, de Dios y sus consejos. No quiero ser pesado, ni machacón, ni fundamentalista; pero los ecos de la historia del Jardín resuenan en mi cabeza con fuerza cada vez que echo la vista atrás. Supe demasiado sobre el mundo demasiado pronto: quien lo controla, la influencia perniciosa de los “alubios” en los medios de masa, el catastrófico estado de las relaciones intersexuales, el colapso demográfico... Todo a la vez, en un periodo de mi vida en el que los males corporales me achacaban, en la que mi salud era tirando a pésima; y me metió en un ciclo descendente del que me costó bastante salir.

 

Al final, creo, que todo ha ido bien. Logré, tras mucho esfuerzo, cabalgar la ola. Pero dejé mucho en el camino. No solo piel lacerada del derrapar sobre el asfalto y pelos caídos por el estrés, también cayó parte de mí, parte que era responsable de sentirme feliz.

 

Todos maduramos, sí, pero hoy en día lo hacemos mal. Aprendemos a desfallecer, pero no a asumir responsabilidades. Debería ser al revés.

 

El árbol del conocimiento estaba vetado por un buen motivo, cada día lo tengo más claro.


“Os estoy Yo mandando como ovejas entre lobos. De modo que sed tan ladinos como las serpientes, tan inocentes como las palomas.”

- Mateo 10:16


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